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2 min | VUELCO POLÍTICO EN VENEZUELA Regreso triunfal de Chávez al poder Carmona cometió tantos errores que hasta los opositores de
Chávez le abandonaron El presidente de
facto ignoró la Constitución, a los sindicatos, al Ejército y al pueblo
llano
La presidencia de facto de Carmona fue tan
efímera por sus propios errores. Nadie podía haber cometido tantas
equivocaciones en 24 horas. Quien había demostrado ser un excelente
opositor, fracasó al intentar tener el papel de estadista.
LA VANGUARDIA - 03.04 horas -
15/04/2002
La
suspensión del Parlamento, un gobierno nada
representativo y la represión condenaron al líder de la
patronal
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VUELCO POLÍTICO EN
VENEZUELA | |
. Regreso
triunfal de Chávez al poder LA VANGUARDIA - 03.03 horas -
15/04/2002 . Hugo
Chávez regresa a la presidencia de Venezuela LVD - 08.30 horas -
14/04/2002 . Rodrigo
Rato manifiesta su respaldo a la evolución del sistema
democrático en Venezuela LVD - 11.10 horas -
14/04/2002 . El
Ejército se impone en Venezuela LA VANGUARDIA - 04.20 horas -
14/04/2002
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 | JOAQUIM IBARZ Enviado
especial. Caracas.
La principal equivocación de Pedro Carmona fue desconocer la
Constitución -por muy bolivariana que fuera había sido aprobada por los
venezolanos- y querer asumir todos los poderes. Al disolver la Asamblea y
destituir a todos los altos cargos del Estado, barrió cualquier vestigio
de institucionalidad. Además, se rodeó de gente que olía a derechona
rancia y ninguno a la central obrera CTV y a su máximo dirigente, Carlos
Ortega, con quien había ido codo con codo en las protestas contra Chávez.
Carmona olvidó que había sido puesto en la presidencia no por ser
líder de la patronal, sino a pesar de ser presidente de Fedecámaras. Los
militares lo escogieron porque representaba la lucha contra los excesos
autoritarios de Chávez. Pero en pocas horas mostró que ni los militares ni
los civiles querían un gobierno de derechas ni una cacería de brujas. La
persecución de chavistas fue denunciada, incluso, por los mismos
opositores a Chávez.
La represión contra partidarios de Chávez,
incluso a gobernadores elegidos, sentó muy mal. En vez de tomar como
ejemplo a Domingo Paniagua, quien fue presidente provisional de Perú tras
la caída de Fujimori, que se dedicó en cuerpo y alma a organizar
elecciones limpias y a combatir la corrupción, se dedicó al revanchismo.
Su toma de posesión fue una bufonada indigna hasta el punto de asustar al
venezolano. Su gobierno parecía sacado del cuadro de honor del selecto
Country Club, sin representar a nadie. Quienes le arropaban era gente sin
prestigio que buscaba cargos.
Su suerte estaba echada cuando tuvo
que huir del palacio de Miraflores, cuya guarnición desconoció su
autoridad. Asimismo, el regimiento de paracaidistas de la base aérea de
Maracay, al mando el general Raúl Isaías Baduel, se rebeló contra Carmona.
Con el correr de las horas, otras unidades militares de Carabobo, de
Falcón y de Araguas se sumaron al levantamiento.
El jefe del
Ejército, general Efraín Vásquez, impuso condiciones a Carmona y le
propinó la última humillación: darle lecciones de democracia. Minutos
después, Carmona anunció la convocatoria a la Asamblea Nacional y anunció
que Chávez sería exiliado "en breves momentos", pero ya era tarde.
Una multitud de simpatizantes chavistas se apoderaba del centro de
la capital, sin que saliera a la calle un solo venezolano en apoyo de
Carmona. Bajaron de los cerros, de los ranchitos, de los barrios miseria
que proliferan como hongos por Caracas. Al caer la noche, ya rodeaban el
palacio de Miraflores.
Pese a la censura de los medios de
comunicación, que no dedicaron ni una palabra a informar sobre las
protestas, los partidarios de Chávez cada vez eran más y más. Primero
cientos, luego miles y, al caer la tarde, decenas de miles. Los soldados
empezaron a confraternizar con los manifestantes. "Chávez es el
presidente, y vamos a defenderlo". Carmona había perdido.
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