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Cuando los mandos reconocían al nuevo régimen, la tropa y los suboficiales empujaban en dirección contraria
La insubordinación de los soldados

LA VANGUARDIA - 03.05 horas - 15/04/2002



DARÍO LÓPEZ MILLS / AP
Soldados de la guardia presidencial leales a Chávez tomaron posiciones en su cuartel general, frente al palacio de Miraflores, el sábado
El sargento Prieto, en medio del caos, hizo un ruego: "Por favor, dígale a Rexach que haga jugar a Saviola"

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JOAQUIM IBARZ
Enviado especial. Caracas.

Los soldados, más que los generales y almirantes, han sido determinantes en el fracaso del golpe de Estado contra Chávez. Los oficiales del palacio presidencial de Miraflores ya habían rendido honores a Pedro Carmona como jefe de Estado de facto cuando la tropa y los suboficiales presionaron para que dieran el apoyo a Chávez. La insurrección de Miraflores fue la cabeza de puente para el regreso del presidente derrocado.

"Nosotros, los soldados, dimos el primer paso. Les estimulamos, les forzamos a que apoyaran a nuestro presidente, a que apoyaran el regreso de nuestro comandante. No fue un motín o una rebelión, pero casi. Los soldados no estábamos para apoyar un golpe de Estado y los oficiales lo entendieron", dijo el sargento Alberto Prieto.

Aunque en Venezuela el deporte rey es el béisbol, Prieto se confiesa seguidor del Barça. En medio del caos, nos transmitió un mensaje para Rexach: "Por favor, dile que alinee más a Saviola, que es el más bueno. Es una figura y lo maltrata". Por su parte, el soldado Juan Rivas dijo que estaban a punto de la insurrección: "Si los oficiales no llegan a ponerse de nuestro lado, no sé qué habría pasado. Nos hubiéramos levantado".

Percibiendo que la guarnición que debía protegerlo estaba a favor de Chávez, Carmona apenas tuvo tiempo de huir a la comandancia general del Ejército en Fuerte Tiuna. "Ese títere se nos escapó por pelos", se lamentó. Cuando la guardia presidencial desconoció la autoridad de Carmona, empezó el principio del fin del régimen de facto porque Miraflores es el punto más emblemático de Venezuela. Carmona huyó y empezaron a llegar los ministros y principales colaboradores de Chávez, que prepararon su regreso.

Tras regresar a Miraflores, el propio Chávez elogió por televisión en un mensaje al país el papel determinante que desempeñó otro soldado anónimo. Cuando estaba detenido en una instalación militar en la isla de La Orchila, a la espera de ser enviado al exilio en Cuba, en forma discreta se le acercó un soldado que le susurró: "¿Es cierto que ha dimitido?". "No, hijo, yo no dimití. Jamás firmaría un documento de ese tipo", le contestó. "¿Por qué no me escribe eso en un papel y cuando me marche lo deja en la papelera?", insinuó el soldado. Chávez cogió una hoja en blanco y escribió a mano: "Base de Turiamo, 13 abril 2002, a las 14.45 h. Al pueblo venezolano, yo Hugo Chávez, presidente de Venezuela, no he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio. ¡Para siempre!". Luego dejó el papel en el fondo de la papelera. El soldado lo recogió y por fax lo envió a un amigo. En pocos minutos lo conocía medio Venezuela. Ese fax ayudó a que muchos oficiales indecisos se decidieran.

 

 

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