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JOSEP FONTANA, HISTORIADOR
"Habrá una enseñanza de concurso televisivo"

LA VANGUARDIA - 15/07/2002



JOSÉ M.ª ALGUERSUARI
 
Tengo 70 años y nací en el Barri Gòtic de Barcelona. Soy historiador. Estoy soltero y sin hijos. Soy de izquierdas. ¿Dios? Para la ciencia, una hipótesis de poca circulación. ¡La enseñanza de la historia pronto servirá sólo para ir a concursos de la tele, no para pensar! Comienza a reeditarse mi obra completa (editorial Crítica)


VÍCTOR-M. AMELA

La historia la escriben los vencedores?

-No, pero la versión de los vencedores es la que tiene los mejores mecanismos de difusión, incluidos los de la enseñanza pública...

-¿Y qué historia se enseña hoy?

-El ministerio quiere ahora que el estudiante aprenda un puñado de datos, de sucesos, de hechos...: de Atapuerca a Aznar, en concreto. ¡No estoy de acuerdo!

-¿Por qué?

-Eso da una cultura útil para ir a un concurso de televisión, nada más. ¿Importa saber quién fue el padre de Alfonso XII? ¡Si ni su madre, Isabel II, lo sabía! Y se transmite la idea de que España es la historia de un progreso... que cristaliza en esto de hoy. O sea, una nueva Formación del Espíritu Nacional.

-Vaya... ¿Y qué propone usted?

-Enseñar al estudiante a pensar por su cuenta. A preguntarse, ante unos hechos, por qué sucedieron, de qué otra manera habrían podido suceder las cosas...

-Usted es historiador, pero ¿es un vencedor o es un vencido?

-Vencedor, no. ¿Vencido? ¡Tampoco! Soy un combatiente. ¡El combate nunca termina!

-¿Qué combate?

-El combate por mejorar las cosas. En eso consiste -o consistía- ser de izquierdas: en querer mejorar el mundo.

-¿No hemos llegado al fin de la historia?

-¡Eso lo dice siempre quien está en el poder y desea que todo siga tal como está!

-¿Y cómo está?

-Los Botín del mundo duermen tranquilos: por primera vez, los poderosos saben que ya no tienen enfrente amenaza alguna.

-¿Desde cuándo?

-Desde 1989..., que es cuando comienza el siglo XXI. Mire: de 1789 a 1989, los dirigentes sabían que enfrente tenían a grupos -jacobinos, o masones, o comunistas...- con ganas de subvertir el sistema establecido. ¡Eran una amenaza, pues! Y eso obligaba a los poderes a pactar. Pero desde 1989...

-La caída del muro de Berlín...

-Ya no tienen que pactar. Hay un único poder: Estados Unidos. Lo máximo que puede suceder es una huelga general pidiendo algunos retoques...

-O unas Torres Gemelas al suelo, oiga.

-Por eso el discurso actual de los ricos habla de antiterrorismo y señala a los pobres del exterior, ¡y convence a los pobres del interior de que los de fuera son sus enemigos!

-¿La historia es una ciencia o es una rama de la literatura? ¿Es objetiva la historia?

-Tiene un método científico. Los hechos son los hechos. Pero no es objetiva: hay muchas visiones, muchas interpretaciones posibles de unos mismos hechos. Y se elige una.

-Y, exactamente, ¿qué es la historia?

-La memoria de una colectividad. ¿Usted tiene memoria de sí mismo, de su pasado?

-Sí.

-Pues esa memoria es su identidad. Si usted pierde su memoria, no es. ¡Así funciona la historia con respecto a una colectividad!

-¿Cuándo empieza la historia de España?

-Desde este punto de vista, muy tarde: hacia 1835, con el liberalismo, cuando comienza la pugna por una idea de nación, de colectividad. Oiga lo que dijo ese año Alcalá Galiano: "Nuestro trabajo es hacer de España una nación, que no lo es ¡ni lo ha sido nunca!".

-¿No? ¿Y qué me dice de Hispania, y de la monarquía visigoda, y de los Reyes Católicos?

-Me habla de una idea de monarquía española, de los dominios de un rey, pero no de nación: ¡ahí no hay una idea emanada de una voluntad colectiva, no hay nación! Eso sólo llegará con el intento del Estado liberal.

-¿Y Cataluña? ¿Cuándo empieza?

-Desde la edad media hay grupos que tienen conciencia de ser catalanes, de formar colectividad diferenciada, pero hasta el siglo XIX, nada. ¡Y la voluntad catalana, durante todo el siglo XIX, será precisamente la de participar en la fundación de esa nación española a la que aludía Alcalá Galiano!

-¿Y cuajó ese empeño, ese intento?

-No. Bosch i Gimpera daba un discurso en 1937 en que proponía España como lugar de vida en común, sin imposiciones de nadie... Pero la nación española cuajó de otro modo: como instrumento de centralización.

-¿Y en qué momento andamos ahora?

-Viviendo las dificultades que derivan de ese diseño. ¡Todo se resolvería si se entendiese que ser diferente, que tener formas propias no es para fastidiar, no es una agresión!

-Pero en España, por eso de las diferencias, nos hemos matado en una guerra...

-Recuerdo muy bien los bombardeos sobre Barcelona, las noches en los refugios subterráneos, el temblor de mi casa cuando cayó una bomba enfrente... Yo tenía 7 años, y al llegar al refugio me sangraba la mano de tanto que apreté el puño, del miedo.

-¿Cómo le explicaron a usted esa historia?

-Mediante la Formación del Espíritu Nacional. Por suerte, traté luego a historiadores como Ferran Soldevila, Vicens Vives y Pierre Vilar, ¡mis tres maestros!, que me llevaron a la pasión por la historia y por el rigor.

-Oiga, ¿y cuál es el motor de la historia? ¿El amor, el sexo, el dinero, la gloria...?

-La voluntad colectiva: el ansia de lograr condiciones de vida aceptables para ti y para tus hijos. Y, entre los dirigentes, el ansia de poder. Con el poder suplen carencias.

-Y, dígame, ¿quién hizo la transición?

-Los dirigentes, por pavor a que unos cambios desde la base se los llevase a ellos por delante. Y les salió bien. Yo... esperaba más.

-¿Más? Dígaselo a esa izquierda suya...

-Sí... La izquierda se creyó eso del fin de la historia... y renunció a hacer de arquitecto para contentarse ejerciendo de fontanero.