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LESTER BROWN,
PRESIDE EL EARTH POLICY INSTITUTE "El agua
debería ser más cara"
Lester Brown. Fui fundador del World Watch
Institute y presido el Earth Policy Institute. Llevo 40 años de lucha
ecológica, desde que empecé a cultivar tomates. Publico "Ecoeconomía",
editado por el Centre Unesco de Catalunya, porque creo que la economía
debe subordinarse al planeta y no al revés. Colaboro con el Consell Asesor
per al Desenvolupament Sostenible, la Fundació Caixa de Sabadell y Sa
Nostra. Apoyo la tasa ecológica balear por la misma razón que cuestiono el
trasvase del Ebro, para salvar la tierra y el agua
LA VANGUARDIA - 03.21 horas -
12/05/2002


J. Mª
ALGUERSUARI Crítico con el
PHN, Brown da un aprobado a España en la explotación de
la energía eólica
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"Todo
lo que hoy mueven el petróleo y las nucleares será en el
futuro impulsado por el viento y el agua, de donde se
extraerá el hidrógeno"
"Los movimientos
ecologistas han ido siempre a la contra, pero también es
importante ofrecer propuestas: arriesgar
soluciones"
"Tenemos que evitar que se gaste un
litro más de agua del que repone el subsuelo, y eso es
posible sin renunciar a nuestra calidad de
vida"
"Los trasvases evidencian que no hay planes
a largo plazo para gestionar el agua. Son parches y
políticas a corto plazo para conseguir votos"
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Por Lluís
Amiguet
El comunismo se hundió porque sus precios no decían la verdad
económica. Sus precios eran falsos; sus productos, malos; sus sueldos,
ridículos y por lo tanto, también su productividad. Y el capitalismo se
puede hundir porque sus precios no dicen la verdad ecológica.
¿A
qué se refiere?
Pues que no pagamos lo que realmente vale un litro
de agua ni tampoco uno de gasolina. Usted se compra un gran coche, porque
puede pagarlo y puede permitirse además los 80 litros del depósito. Igual
que puede permitirse con su dinero comprar toneladas de agua para su
piscina o para regar el campo de golf... Pero eso no quiere decir que
pague el coste real, el coste ecológico de esa agua. Así que los precios
que pagamos por la tierra, el agua y el aire que contaminamos no son
reales.
Pero piscina y golf son legales.
Sí, incluso le
dirán que estimula la economía y que crea puestos de trabajo, más que
plantando coles.
Pues sí.
¿Pero está usted pagando
realmente la polución que causa con su Porsche? ¿Está usted pagando el
ruido y el estrés que me causa a mí su motor? ¿Y los atascos que revientan
nuestros nervios? ¿Y los cánceres que provocarán sus metales pesados en el
aire y todo el gasto de sanidad que ocasionan? ¿Y cree que está usted
pagando cuando abona el recibo del agua para su piscina el abuso de ríos
contaminados y sobreexplotados que degradarán el entorno de un área donde
viven millones de personas?
El mercado encontrará soluciones:
desalar agua del mar, por ejemplo.
El mercado siempre encuentra
soluciones. Si hay más demanda de cereales que oferta, la mano invisible
lo arregla todo: mueren millones de personas de hambre y así desciende la
demanda. ¿Ve cómo todo lo soluciona el libremercado?
Lleva usted
40 años de lucha ecológica, ¿en qué punto estamos?
Si me permite
una pequeña canción, el problema es el agua y la respuesta está en el
viento.
Bonito. Ahora explíqueme.
La gran crisis mundial
que está a punto de estallar es la del agua. Nuestra capacidad de poder
gastar hasta agotar los recursos hidrícos es reciente. Hace apenas un
siglo que tenemos la funesta capacidad de acabar con el agua subterránea y
lo peor es que la estamos utilizando. He viajado por todo el mundo como
fundador del World Watch Institute y ahora como presidente del Earth
Policy Institute y una y otra vez veo repetirse el mismo esquema: abuso
del agua sin ninguna previsión, descenso alarmante de las aguas
subterráneas y sobreexplotación de los acuíferos.
¿Y los
trasvases?
A menudo son obras hidráulicas faraónicas, como su
trasvase del Ebro y otras similares, que no tienen en cuenta que el agua
es un recurso limitado y, en general, evidencian que no hay ningún plan a
largo plazo para gestionarla. Sólo son parches y políticas a corto plazo
para conseguir votos o adhesiones.
¿A qué se refiere?
Insisto en que el coste real de gastar agua es mucho más alto que
el precio que pagamos por ella. El agua debería ser más cara. He visto
cómo se desperdicia, al tiempo que países enteros del Magreb, África, el
subcontinente indio o Oriente Medio se quedan sin reservas. Y el agua es
comida. Fíjese en Irán: era autosuficiente en grano y ahora es uno de los
grandes importadores de cereal del planeta. Para cultivar una tonelada de
cereal se necesitan 1.000 toneladas de agua de riego. Así que, de hecho,
cuando importan grano están importando ese agua que ya no tienen.
Grano a cambio de petróleo.
En el fondo, grano a cambio de
agua. Pero hay muchos países que se están quedando sin esa agua, como
China. Cuando pronto se vean obligados a importar grano, o sea agua, se
producirá una crisis mundial. Debemos actuar ya: tenemos que conseguir que
no se gaste un litro más de agua del que repone el subsuelo, y eso es
posible sin renunciar a nuestra calidad de vida. Con un poco de sentido
común sería suficiente.
¿Qué es lo que ha aprendido en sus 40 años
de lucha ecologista?
Que ha sido mucho más fácil para nosotros ser
"anti" que ofrecer una alternativa. Nuestros movimientos ecologistas han
sido siempre a la contra, y eso era necesario y urgente, pero también lo
era ofrecer propuestas constructivas: arriesgar soluciones.
Por
ejemplo.
Tengo una gran fe depositada en la energía eólica.
De momento es testimonial.
Traigo noticias frescas. Hemos
conseguido que el kilowatio/hora de energía producida por el viento pase
de costar 32 centavos de dólar a menos de cuatro. La tecnología
aeronáutica aplicada a esos molinos está revolucionando el sector.
Pero aún no es alternativa.
Lo será antes de lo que piensa
y lo veremos nosotros. Vamos a contemplar la revolución del hidrógeno...
Todo lo que hoy mueve el petróleo y las nucleares será en el futuro
impulsado por viento y agua.
¿Cómo?
Las centrales se
extienden ya por toda América y son muy rentables. Un granjero de Iowa,
por ejemplo, obtiene 2.000 dólares al año por alquilar a las eléctricas
1.000 metros cuadrados de tierra para instalar aspas eólicas. Esa
minicentral produce energía por valor de 100.000 dólares en sólo un año.
No está mal...
¡Estamos viviendo una fiebre del oro eólica
en el campo americano! Cuando llega un meteorólogo de viento a un
pueblecito a hacer prospecciones, suben todos los precios. Pasa igual que
cuando antaño llegaban los geólogos a pueblecitos de Texas donde aparecía
petróleo.
Pero aún falta mucho para que sustituya al petróleo.
No crea que falta tanto. Cuando las centrales de energía eólica se
multipliquen...
Aproximadamente, ¿cuánto?
Estimamos que el
potencial de producción eólica de sólo tres estados, Texas, Kansas y
Dakota del Norte, puede satisfacer la demanda eléctrica de todo Estados
Unidos. Y piense que todavía se puede abaratar el kilowatio mucho más.
Después llegará el siguiente paso, la economía del hidrógeno.
A
saber...
Esa electricidad barata será aplicada a electrolizar el
agua, es decir, a dividir las moléculas de agua en oxígeno e hidrógeno.
Ese hidrógeno es el mejor combustible posible. No deja ningún residuo, es
simple y será barato.
¿Hay motores de hidrógeno?
Ford
presentará uno este año que supera en prestaciones a los de gasolina y
todas los demás fabricantes están compitiendo por poner en el mercado sus
propias versiones cuanto antes.
Pues, ya veremos.
Así
tendremos una combinación de la energía ideal, que es la eólica, porque es
barata, inacabable y limpia, y el combustible perfecto, el hidrógeno. Ese
será el fin de la economía del petróleo y el principio de la
"ecoeconomía", una economía ecológica del hidrógeno. Aire y agua, en fin,
serán nuestra energía renovable, inacabable y siempre limpia.
¿Empezando sólo en América?
Al contrario; en Europa, los
avances también son espectaculares. Dinamarca obtiene del viento el 15% de
la energía que consume y en el land alemán de Scheleswig-Holstein el
porcentaje llega al 17%. Además, Dinamarca se ha convertido en la gran
potencia tecnológica en energía eólica y eso ya le está dando rendimientos
y creando puestos de trabajo de alta calidad. ¡Y ya verá en el futuro!
¡Ah! Y ustedes tampoco lo están haciendo mal.
¿Nosotros?
Sí, la comunidad navarra ha dado un gran ejemplo y ahora mis
cifras dicen que obtiene el 22% de su electricidad del viento. España está
entre los países pioneros en la nueva energía.
¿Le parece bien la
tasa ecológica de las Baleares?
Sí. Me parece oportuna, acertada y
necesaria. Acabo de estar allí para estudiarla. El turismo también es una
explotación del medioambiente que no paga lo que realmente vale la
polución que causa. Creo que los sistemas impositivos deben ser
reformadores ecológicos.
¿Cómo?
Tasando las energías
sucias y premiando a las limpias: premiando la producción reciclable y la
construcción ecológicamente responsable y penalizando las agresiones al
medio. Y la tasa ecológica balear es un buen ejemplo. Y otro ejemplo, pero
negativo, es el carbón. La economía del carbón debe extinguirse de una vez
por todas.
No le queda mucho.
Debe eliminarse ya, y para
eso están los impuestos. Tenemos que conseguir que extraer el carbón sea
tan caro por los impuestos que de una vez por todas se cierren esos
atentados ecológicos ineficientes que son las minas de carbón.
No
sé qué dirán los mineros.
Si son inteligentes, estarán de acuerdo
conmigo, y si no lo son, los demás ciudadanos deben hacerles entrar en
razón y entre todos paliar el coste social de acabar con esas minas, pero
mantenerlas es un costoso error. En el fondo, lo único que haremos es ser
sinceros.
¿Sinceros?
Sí, haremos que el carbón tenga el
precio que realmente cuesta. No el que cuesta extraerlo y venderlo, sino
el precio de degradar el aire, el agua y el entorno natural de países
enteros.
En su discurso hay demasiados futuribles.
Eso es
lo que me hubiera dicho hace cinco años si le auguro lo que ha sucedido:
las compañías tabaqueras iban a indemnizar al Estado y la sociedad de
Estados Unidos con 251.000 millones de dólares, esto es, mil dólares por
habitante para reparar los daños causados a la salud pública. ¿Qué me
hubiera dicho usted si le digo entonces que esto iba a suceder ahora?
¡Pues ha sucedido! Y ahora recuerde cómo cayó el muro de Berlín. El del
petróleo no durará tanto. |